En las ediciones de «Sé el influencer de tu propio negocio» he escuchado la misma frase decenas de veces: «Yo es que no valgo para salir en vídeo». Y casi siempre la dice alguien que lleva años explicando su trabajo a sus clientes con una pasión que ya quisieran muchas marcas.
El problema no suele ser la cámara. Es el miedo a la crítica, a la comparación o a parecer un vendehúmos. Y mientras ese miedo decide, el negocio se queda sin su mejor argumento de venta.
Tu personalidad es lo único que tu competencia no puede copiarte.
Lo que cambia cuando el negocio tiene cara
- La gente confía antes en una persona que en un logotipo.
- Tus mensajes dejan de parecer un anuncio y empiezan a parecer una conversación.
- Cada vídeo trabaja por ti incluso cuando no estás en el negocio.
Tres pasos para empezar sin bloquearte
- Graba frase a frase, sin memorizar. Nadie necesita un discurso de un minuto seguido.
- Habla a una sola persona: a tu cliente ideal, como si lo tuvieras delante.
- Publica antes de que esté perfecto. La constancia enseña más que la perfección.
Si quieres trabajarlo en directo, con otros empresarios en tu misma situación, la próxima edición de la formación se anuncia primero a la lista de espera.
